

Edgar se crió bajo la comodidad de una familia noble con todo tipo de lujos, cualquier cosa que él pidiera lo tendría.
Bajo el nombre de Edward Kohler vivió sus primeros nueve años de vida sin que le faltase nada de nada. Sin ninguna preocupación.
Nuestro protagonista no podía estarse quieto, era muy nervioso de pequeño y siempre iba corriendo de un lado para otro causándoles problemas a sus criados. Pero eso era algo que no le importaba, el mundo era suyo, tenía a todo el mundo a su disposición y nadie se atrevía a oponerse a un Kohler en aquel entonces.
A la edad de siete años, era conocido como: ``El Cruel Hijo De Los Kohler´´, solía patear a sus criados cuando hacían algo que no agradaba, pegaba a los otros niños que se oponían a lo que él decía. Nadie podía mirarle por encima del hombro.
Excepto aquella niña: La hija de los Beaulac. Una pequeña joven conocida por todos por su belleza, su amabilidad y su calidez con todo el mundo. Ya fueran nobles, criados o simples plebeyos. Todo lo contrario a Edward por aquel entonces.
La odiaba, no podía ni escuchar su nombre. Desde que se conocieron y sus padres decidieron que ambos contraerían matrimonio. Por primera vez, el pequeño noble recibió un golpe por parte de su padre por negarse, por primera vez no se salía con la suya. Todo por culpa de esa niña.
La peor parte era para la inocente rubia que siempre acababa malherida o con sus ropas totalmente rotas por ``jugar´´ con Edward.
La odiaba y no era ningún secreto que el hijo de los Kohler la golpeaba y la humillaba.
Cuantos más castigos recibía el menor por su comportamiento con ella, con más crueldad la trataba.
La paciencia de la chica tenía un límite y acabó golpeando a nuestro pequeño protagonista por aquella actitud. Fue la segunda persona en atreverse a levantarle la mano.
Fue una pelea tras otra, cada vez que se veían acababan igual. Pero el matrimonio acordado por sus familias seguía adelante.
Con el tiempo, ella se volvió su única y primera amiga de verdad. Ella era la única que permanecía a su lado, a pesar de todas las peleas y las discusiones ambos parecían pasárselo bien por alguna razón que todo el mundo desconocía. En secreto, a veces simplemente hablaban o se escapaban para ir a pasear juntos.
Pero el padre de la familia de Edward murió. Provocando la desgracia para el menor ya que su madre se casó rápidamente con otro hombre que rechazaba al rubio. Su padrastro tenía un hijo que fue quien se quedó con todos los lujos e incluso era el nuevo prometido de la heredera de la familia Beaulac.
Con diez años, Edward huyó de casa después de muchos abusos y maltratos por parte de su nueva familia. Pero la situación allí no era peor. Muchos de sus criados al verle por la ciudad le golpeaban y dejaban mal herido en un rincón de la calle sin revelar su paradero a la madre que había caído enferma según le había informado su única amiga.
Si, su único contacto era la pequeña Beaulac. La niña aún continuaba hablando con él en secreto, le ofrecía comida y ropa nueva cuando Edward estaba tan mal que tenía que dejar su orgullo de lado para sobrevivir.

No tardó en enterarse que su madre había muerto. El apellido de Kohler dejó de tener significado alguno entre los nobles y todos daban a Edward por muerto.
Las calles eran duras y no siempre podría ir a recurrir a su amiga. Ella se casaría con su hermanastro y el odio entre ellos era bastante grande, no sabía que le pasaría a ella si se enterasen de su secreto.
Ese odio fue aumentando con el tiempo. Según los rumores, su padrastro era el responsable de las muertes de sus padres.
``Veneno´´ afirmaban los demás nobles a las espaldas.
Edward no pudo más que llorar mientras miraba sus huesudas manos temblorosas por el frío. ¿Qué iba a hacer en aquella situación? Ahora no era más que un sucio niño mendigo que acabaría muerto tarde o temprano.
Sobrevivir.
Su único objetivo era sobrevivir.
Sobrevivir a aquel invierno y al siguiente. Sobrevivir durante años.
Para poder vengarse.
Por mucho que lo atrapasen, siempre escaparía por su único motivo para seguir vivo.

Posiblemente ese sería su objetivo en la vida actualmente si no sufriera amnesia.
Un año después de huir de su casa, con once años recién cumplidos, Edward olvidó todos aquellos recuerdos, aquel dolor. Todo.
A día de hoy sigue pensando que sus padres lo abandonaron y lo crió desde pequeño su maestro. Hans Kenway. Quien le puso su nuevo nombre: Edgar.
Entrenado para robar, secuestrar y asesinar incluso si era necesario. Todo aquello que sabe es gracias a Hans, uno de los mejores ladrones y más perseguidos por la justicia que acabo cogiendo cariño a aquel niño abandonado que un día intentó robarle un trozo de pan.
Aunque solo vivió cinco años con él ya que había aprendido todo lo que podía enseñarle y Hans acabó desapareciendo un día sin dejar rastro alguno.
El pícaro ladrón sobrevivió aprovechándose de sus nuevas habilidades para el robo llamándolas tal y como su maestro las apodó: Arte.
Sus estrategias para robar y salir sin ser vistos no podían recibir otro nombre. Algunas eran completas locuras y suicidas, pero solía salirse con la suya casi siempre.
Pero es a partir de aquí cuando su nombre empezó a hacerse famoso. Mientras vagaba sin rumbo, por un capricho del destino, Edgar fue elegido por el cristal para ser un guerrero de la luz. Algo que nunca se tomó muy en serio, ¿Él salvar el mundo? Sin duda, el cristal que lo eligió estaba estropeado.
Eso fue lo que siempre pensó durante el viaje en el que conoció al resto de guerreros bendecidos por el cristal. Un grupo al que solo se había unido por el dinero que ofrecían.
Pero aquellos guerreros fracasaron y se disolvieron.

Edgar desapareció del mapa. Nadie podía dar con él. Durante años no fue más que un nombre muy reconocido entre criminales en distintas tabernas del mundo.
Y aunque nadie sabe a ciencia cierta que ha estado haciendo estos años en los que estuvo desaparecido, parece que no ha cambiado nada y actualmente ha vuelto a emprender su viaje con aquel singular mago negro que una vez fue su compañero como guerrero de la luz.

